Con las mejores intenciones, podemos hacer mucho daño. Cuando se trata de motivar a nuestros en la lectura a tus hijos -así como con casi todos los deseos que albergamos para nuestros hijos- nos cuesta controlar la ansiedad, y en lugar de ofrecerles recursos y darles tiempo, vamos soltando frases que hacen más mal que bien. Por ejemplo:

«Tú elegiste ese libro; ahora te lo acabas.»

Esta frase de desafortunada por varios motivos; entre ellos:

  • Porque los niños apenas tienen criterios para escoger libros; las modas, el marketing y los gustos de sus amigos suelen mandar, y no tiene por qué coincidir con los gustos, intereses y niveles de lectura de tu hijo. Sobre los riesgos de dejar que tus hijos elijan lo que leen ya hablamos en otro post.
  • Porque todos podemos equivocarnos al elegir un libro y obligarnos a leerlo es una tortura.
  • Porque si alguien está preparado y tiene autonomía para decir «no» a un libro, también podrá decir «sí» a otro.

«A ver si haces como tu prima, que ya se leyó todo Harry Potter»

Las comparaciones son odiosas, siempre. Para un niño al que le cuesta leer, el solo pensar en la extensión de la serie de J.K. Rowling puede hacer que huya de la lectura. Y además, ¡hay tanto para leer más allá de Harry Potter! Ofrécele cuentos, que son más cortos: cómics, que generan confianza porque transmiten la sensación de no tener que abordar textos largos. Y no pasa nada si ve las películas sin haber leído los libros.

«Pero, ¿cómo puede no gustarte este libro?»

Que a tu hija no le guste un libro que le propones significa que tiene criterio propio para reconocerlo y seguridad para expresarlo. Aprovecha la ocasión para conversar sobre por qué no le gusta, sobre qué tipos de libro sí le gustan. Pensad entre las dos a quién podría gustar ese libro y se lo regaláis. Un libro que no gusta puede dar mucho juego también y si estamos abiertos a la diferencia de opiniones podemos convertirlo en una excelente herramienta para motivar la lectura.

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