Tras unos cuantos intentos frustrados, has llegado a la conclusión de que la lectura no es para tu hijo: «Lo he probado todo, pero a mi hijo no le gusta leer.» ¿Y si para conseguir que a tu hijo le guste leer no se tratara de probar más cosas, sino menos?

No tienes que hacer muchas cosas para que tu hija o hijo lea. Al contrario, conviene empezar por hacer menos, por quitar obstáculos para la lectura, por facilitar un tiempo y un espacio para ella. Esto es, en realidad, lo primero que tienes que hacer. Una vez que hayas despejado el terreno y la agenda, entonces puedes empezar a probar cosas.

Estamos tan acelerados y acostumbrados a las carreras de obstáculos, que asumimos que para conseguir que los más pequeños se aficionen a la lectura, necesitamos cumplir una serie de requisitos. Que no te enreden. Tú no tienes que hacer mucho más para que tus hijos lean, y sin embargo, puedes ayudar a tus hijos a que lean más. Si esto te resulta contradictorio, lo entenderás mejor gracias a Elvira Lindo, que siempre se hace entender muy bien. Fíjate en lo que decía, a propósito de la piratería de libros, en su columna del 8 de febrero de 2015 en El País:

«Ayudarlos, no en el sentido de darles la lectura mascada para que les entre sin sentir sino proporcionándoles paz de espíritu, entrenarles en el difícil ejercicio de la paciencia, transmitirles sosiego, enseñarles a que en la vida hay momentos de parón y aburrimiento que uno ha de llenar sin dar la lata ni hacer ruido, educarlos para exigir menos a los demás y exigirse más a ellos mismos, ejercitar el músculo de la fantasía a fin de que pongan en una historia tanto como reciben. Esto es tarea de un padre y de una madre.»

¿Simple? Sí. ¿Fácil? No.

Detrás del «lo he probado todo», suele haber una extraescolar más, un taller de literatura, un club de lectura de los sábados por la mañana, un carnet de biblioteca, una suscripción a esa colección de libros tan bien seleccionados que ofrecen en el cole… pero si en casa no hay un rato de silencio, un sitio donde encontrar un poco de tranquilidad, el único resultado posible de estas buenas intenciones será la convicción de que «a mi hijo no le gusta leer».

Porque en realidad, como en tantas ocasiones, menos es más. Menos planes para el fin de semana, menos pantallas, menos extraescolares, menos juguetes nuevos… no solo porque todos estos estímulos ocupen su tiempo, sino porque saturan sus sentidos. Porque quizás el mayor obstáculo para la lectura no es la falta de tiempo, sino la falta de calma. Muchas veces, para que a un niño se le dé por coger un libro, necesita salir a pasear un rato, porque necesita relajarse.

La imagen de arriba es de la ilustradora australiana Freya Blackwood y pertenece al libro «Un día perfecto». La escogí porque ilustra perfectamente ese mágico momento de no hacer nada, que es cada vez menos habitual en la infancia actual. «Esto es tarea de un padre y de una madre», no lo duda Elvira Lindo. Es curioso que los padres no se fíen de la escuela y se aseguren a fuerza de academia de que sus hijos aprendan inglés. De que lean, pues de eso que se ocupen en la escuela.

Así que no te confundas; no tienes que hacer muchas cosas para entusiasmarlos con la lectura, pero ésta impone una única condición que depende solo de ti: procurar un momento de calma, sin ruido acústico ni de ningún tipo. Entonces, quizás, alguien se ponga a leer un libro.

¿Simple? Sí. ¿Fácil? No.  Si quieres que te ayude a conseguir que que tus hijos lean más, cuéntame un poco sobre ti.

 

 

 

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