¡Menos es más! Para que un niño lea, también. No te preocupes por lo que tienes que hacer para que tus hijos lean más; mejor ocúpate de lo que no debes hacer.

Estamos tan acostumbrados a complicarnos la vida, que cuando se trata de conseguir algo, nos trazamos un plan de muchas etapas o desistimos pensando que no tenemos tiempo para conseguirlo. ¿Y si se tratara en realidad de hacer menos? Existen al menos tres cosas que NO debes hacer si quieres que tu hijo lea más.

1: Pedirle que apague la tele y se ponga a leer

Si presentamos la lectura -que aún no les motiva- como la alternativa a algo que les gusta mucho -ver la tele-, es normal que acaben sintiendo rechazo. Es como cuando ofrecemos una manzana como alternativa a su postre favorito. Así no funciona. Así no conseguiremos que asocien la lectura a placer.

2: Llenar sus tardes con extraescolares

Si algo es indiscutible es que para leer se necesita tiempo. El tiempo que se pasa ante el libro y también el tiempo para rebuscar entre las lecturas disponibles, para sintonizar con nuestro estado mental y ver qué nos apetece leer. Si a las horas que los niños pasan en la escuela, sumamos las de las extraescolares, los deberes y los traslados, ¿cuánto tiempo queda leer?

Pero, ¿cómo y qué hacer para que un niño lea, si la realidad es que las extraescolares son casi imprescindibles? Ya sea por logística familiar o porque tenemos un niño que quiere hacerlo todo, lo cierto es que encontrar un hueco para leer resulta una misión imposible. Por eso, si como en la mayoría de las familias tus hijos realizan entre dos y cuatro extraescolares, será fundamental cuidar los pocos momentos libres. Generalmente, se trata de los fines de semana y las noches. Y esto tiene que ver con el siguiente punto.

3: Dejar de leerle cuando ya sabe leer solo

Este es uno de los errores más frecuentes en las familias que buscan estimular la lectura en sus hijos. Los libros, los viajes, las comidas, las cosas buenas de la vida, se disfrutan mucho más cuando se comparten. Y si queremos que nuestros hijos incluyan la lectura como uno de los grandes placeres de la vida, mejor que la disfrutemos junto a ellos. El tiempo antes de ponerse a dormir vale oro en lo que a estímulo de la lectura se refiere.

Puede haber un tiempo para leer en soledad, que es además imprescindible para vivir la experiencia de intimidad que ofrece un texto, pero los momentos de lectura compartidos quedan en la memoria del corazón para siempre. Por esa misma razón es bueno que en la escuela es bueno que en el aula haya momentos de lectura en voz alta con toda la clase, aparte de las lecturas individuales que se propicien. Dejar de leerle junto a un niño solo porque ya sabe leer es como dejar de comer con él porque ya sabe comer solo.

Si en casa ya tenéis muy claros estos criterios y aún así no hay quien se ponga a leer, seguramente encontraréis más ideas en otros artículos de este blog o podéis contarme vuestra situación y trataré de ayudaros.

 

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